Conociendo el Delta Sky Club de JFK

Había leído que el Delta Sky Club de la Terminal 4 era muy bueno y que tenía una terraza con una muy buena vista a la plataforma así que sin perder tiempo me puse a averiguar si se podía, y cómo, ir.

Según la página de Delta, las formas de acceder son las siguientes:

  • Teniendo una membresía anual cuyos costos mensuales varían entre los 29 y 39 dólares, dependiendo del status Delta que se tenga. A esas cuotas hay que sumarle una anual, sin importar el status, de 39 dólares.
  • Otra posibilidad es la de un “one-day pass” a 50 dólares.
  • También pueden visitarlo los socios platinos de las distintas aerolíneas asociadas a SkyTeam, como puede ser Aerolíneas Argentinas.
  • Ser poseedor de una American Express Platinum pero con la condición que se debe estar volando por Delta únicamente. Este fue mi caso.

En este último punto comento, según entendí,  que hasta los primeros días de Mayo el propietario de la tarjeta podía entrar 2 invitados sin cargo.

Cerca de la puerta 61 de la Terminal 2 hay una puerta que te deposita en una simil plataforma de micro, Avianca usa el mismo servicio en Bogotá,  que es el que te lleva a la Terminal 4. El “Jitney” cruza la, ahora demolida, terminal 3 la que utilizaba PanAm y que era un ícono, la famosa WorldPort. Luego de caminar un buen rato, frente a la puerta 31 y subiendo unas escalares mecánicas se encuentra la recepción del salón. Rápido chequeo de pasaportes, tarjetas de embarque y adentro a disfrutar, mirar,  spottear un poco, comer algo para luego volver a la Terminal 2.

La nota curiosa, y graciosa a la vez, fue que cuando le pregunté a la señora que me atendió si podía sacar un foto de la entrada, ella se ofreció a sacar una “so you get to be on the picture”. Pobre, no entendía mucho la cámara pero le puso tooodaaaa la onda posible. Da gusto cuando te tocan empleados así.

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Después de 5 intentos, esto fue lo mejor que quedó.

En cuanto a comida “libre y gratuita” digamos que no hay mucho para elegir. Algo de cereal para acompañar con yogur, frutas frescas, café y snacks del tipo galletitas con queso cheddar o manteca para untar. Todo autoservicio. Y si uno tiene hambre y quiere sacarse las ganas ofrecen menú a la carta, el cual puede ordenarse acercandose a la barra o llamando al mozo que te trae el menú en un iPad (muy sofisticado todo) Los precios no son baratos pero definitivamente no son caros como en el aeropuerto de Ezeiza donde un cafe chico puede costar $25. Saldría lo mismo que comer en un McDonald´s o Burger King del resto de la terminal.

La comida muy sabrosa (estuve flojo en no sacarle fotos, pido disculpas) obviamente preparada en el momento y las bebidas eran gratis. La cuenta debía abonarse al momento de recibir la comida lo cual puede parecer incomodo, y hasta molesto, pero entendible al fin ya que al parecer hasta en el primer mundo te hacen el “paga Dios”

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IMG_8100-1Vale la pena destacar las máquinas de café (había 2) del tipo automáticas en las cuales uno selecciona el tipo de bebida que desea y listo. Ofrecía una amplia variedad de cafés, tés y también chocolate. Todo gratuito, como ya comenté

El salón es muy espacioso y cómodo. Cuenta con distintos tipos de mobiliario: mesas tipo restaurante para quien quiera comer al paso si el tiempo apremia; tienen sillones y mesas para también comer pero al mismo tiempo poder relajarse un rato, como en mi caso; y sino tiene una mesa larga con separadores no muy altos, ideales para viajeros solitarios, con una extraordinaria vista a la plataforma. Cada una con su cargador individual de dispositivos y computadoras. Definitivamente este fue mi preferido pero como no viajaba solo no pude disfrutarlo.

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Sin lugar a dudas el mejor lugar del salón… para aquel que viaje sin compañía.

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Vista desde la mesa en la que iba a almorzar.

Pero si hay algo que realmente se lleva todos los aplausos es la vista que tiene: al ocupar un 1er piso y ocupar todo el ancho de la Terminal se tiene vista a las Terminales 2 y 5 y al Skyline de Manhattan, aunque como el día estaba feo no se puede apreciar realmente.

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La cola de un 747 y el skyline de Manhattan con el Empire State Building sobresaliendo.

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Lamentablemente como hacia mucho frío y el viento era bastante importante, la terraza se encontraba cerrada. Debo admitir que fue la mayor razón por la que quise conocer el salón: poder disfrutar un poco del olor a JP1 y el ruido característico de aviones despegando o aterrizando pero no pude. Igual lo volveré a intentar.

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Como todo viajero con smartphone, amante de la aviación y las fotos, que sufre de la poca batería que estos aparatos traen hoy en día había enchufes al lado de cada mesa de modo que cada uno pudiese utilizarlos sin molestar a otros. Se ve que esta tendencia ha ido en aumento y la verdad que la celebro porque he padecido el “síndrome de batería baja” en vuelos anteriores. ¡Y no se lo deseo a nadie!

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Si, me cuesta desconectarme por un rato, ¿y?

Hay duchas para quien quiera aprovecharlas. Supongo que si viniese de Japón, me esperase otro vuelo de 10 horas  y la  conexión me lo permite, no vendría nada mal una duchita para recuperar un poco el alma, ¿no?

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Luego de casi 2 horas ahí adentro ya era hora de volver a la puerta de embarque así que junté campamento, saqué un par de fotos, me despedí de la señora que me atendió en la recepción y me fui. Prometo volver para conocer la terraza. Y sino, tendré que ir al de Atlanta. Ya veré.

Vista de la plataforma y la T4 desde el Jitney hacia la T2.

Vista de la plataforma y la T4 desde el Jitney hacia la T2.

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2 Respuestas a “Conociendo el Delta Sky Club de JFK

  1. Alguna vez pensé que la ducha era demasiado, pero en mi último viaje conectando en DFW, teníamos como 6hs de espera y 10hs de vuelo a FRA, así que en el Centurion de Amex me pegue una ducha. Fue un renacer, sin exagerar, encaras el resto del viaje de una mejor manera. Así qué creo que cada vez que pueda me voy a duchar, aunque tenga poco tiempo. Saludos

    • Yo nunca me duché en un aeropuerto pero es innegable que una buena ducha te devuelve el alma al cuerpo, en cualquier situación.
      No sabía que había un Centurion en DFW, siempre se aprende algo nuevo.
      Saludos!

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